Cómo elegir diseñador web: 10 preguntas antes de contratar

Por Alex Pérez · Diseñador web y especialista en embudos y agentes de IA para WhatsApp · Octubre de 2026

Contratar a la persona que hará la web de tu negocio es una decisión que se nota durante años. Si sale bien, tienes una herramienta que trabaja por ti. Si sale mal, pagas dos veces: la primera la web, la segunda rehacerla.

Lo sé porque llevo haciendo webs desde 2001 y trabajo para clientes desde 2015, y muchas veces mi primer trabajo con un cliente es arreglar lo que dejó otro. En esta guía te doy las 10 preguntas que haría yo si fuera tú, las señales de que algo no encaja y cómo decidir entre un profesional independiente y una agencia.

Persona con el móvil en la mano valorando contratar a un diseñador web para su negocio

Antes de empezar: ten claro qué necesitas

Antes de hablar con nadie, apunta tres cosas:

  1. Qué quieres que haga la web. ¿Que te llamen, que reserven, que compren, que te contacten por WhatsApp?
  2. A quién te diriges. Cuanto más concreto, mejor.
  3. Cuánto estás dispuesto a invertir. No hace falta que lo digas desde el principio, pero sí que lo tengas claro tú.

Con eso, cualquier conversación va mucho mejor y detectas rápido si la otra persona sabe de lo que habla.

Las 10 preguntas que debes hacer

1. ¿Puedo ver trabajos reales y hablar con algún cliente?

Pide ver webs que haya hecho, y fíjate en si resuelven problemas parecidos al tuyo. Si puede ser, que te dé un cliente con quien hablar. Quien trabaja bien no suele tener problema en enseñarlo.

2. ¿Quién va a hacer mi web exactamente?

Parece obvio, pero no lo es. En muchas agencias vende una persona, diseña otra y programa una tercera. Con un profesional independiente sabes con quién hablas, quién decide y quién responde si algo falla. Pregunta quién hará cada parte.

3. ¿Cómo trabajáis el mensaje y los textos?

Una web no es solo diseño. Si nadie piensa qué se dice y a quién, queda bonita y vacía. Pregunta quién redacta los textos y si te ayudan a decidir el mensaje.

4. ¿Qué incluye exactamente el precio?

Pide el presupuesto por escrito, con cada partida: páginas, diseño, textos, posicionamiento en Google, formulario, medición y revisiones. Si todo es «web completa» y una cifra, no puedes comparar. Más claves en cuánto cuesta una página web profesional.

5. ¿A nombre de quién quedan el dominio y los accesos?

Tienen que quedar a tu nombre. El dominio, el alojamiento y los accesos son tuyos. Si la empresa que la hace los registra a su nombre «para ayudarte», estás atado a ella si algún día quieres cambiar.

6. ¿Cómo se paga y qué garantía hay?

Desconfía de quien pide todo el importe por adelantado. Lo normal es pagar en plazos, con el último ligado a tu conformidad. Esa es la forma de trabajo que yo uso: el segundo pago no se abona hasta que estás conforme.

7. ¿Qué pasa cuando la web esté terminada?

Una web necesita revisiones, copias y alguna mejora. Pregunta si hay soporte incluido, cuánto dura y qué cuesta después. Que no te lo expliquen es una mala señal.

8. ¿Cuánto tardará y qué necesita de mí?

Un plazo realista depende también de ti: textos, fotos, decisiones. Un buen profesional te dice qué necesita y cuándo. Si promete plazos imposibles, algo se está recortando.

9. ¿Cómo vais a medir si funciona?

Pregunta qué se mide y cómo: visitas, contactos, cita reservada. Si la respuesta es «ya veremos», cuidado. No se pueden prometer resultados cerrados, pero sí una forma clara de medirlos.

10. ¿Qué pasa si no me gusta o quiero cambiar algo?

Pregunta cuántas rondas de cambios incluye y cómo se gestionan. Es mejor hablarlo antes que descubrirlo después.

Escaparate de un negocio por la noche: una web bien hecha sigue trabajando mientras el local está cerrado

Señales de alerta

Mientras hablas con quien sea, ten estas banderas en la cabeza:

  • No te pregunta por tu negocio y manda un precio sin entender qué vendes.
  • Promete posiciones en Google o resultados garantizados.
  • No enseña trabajos o solo muestra capturas sin enlace.
  • Presiona con ofertas que caducan hoy.
  • Mezcla todo en un precio y no explica qué incluye.
  • Habla solo de tecnología y no de tus clientes.

Una sola señal no condena a nadie, pero si ves varias, pausa.

Freelance o agencia: qué cambia de verdad

No hay una opción mejor para todos. Estas son las diferencias reales:

  • Trato. Con un independiente hablas con quien hace el trabajo. En una agencia, muchas veces con quien lo vende.
  • Capacidad. Una agencia tiene más manos para proyectos muy grandes. Un independiente suele ser más ágil para proyectos de pequeña y mediana empresa.
  • Coste. Una agencia tiene estructura que se paga, y suele notarse en el presupuesto.
  • Dependencia. Si el profesional desaparece, ¿qué pasa? Pide siempre que la web, el dominio y los accesos queden a tu nombre y con documentación suficiente.

Yo trabajo sin agencia ni intermediarios y cojo cada proyecto de principio a fin. Si lo prefieres, también puedes ver mi historia en Sobre mí antes de decidir si encajamos.

Si ya te hicieron una web que no funciona

Pasa mucho: un trabajo que parecía una ganga, un proveedor que cobró y se esfumó, una web que nadie sabe tocar. Antes de tirar nada, revisa si el problema es el diseño, el mensaje o la forma de captar contactos. Te lo cuento en por qué una web con visitas puede no recibir mensajes y, si ya toca empezar de cero, en rehacer la web de tu empresa.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos presupuestos debo pedir? Dos o tres es suficiente. Más solo te confunde. Compáralos por lo que incluyen, no por la cifra final.

¿Es mejor un diseñador cercano? No es obligatorio. Hoy se trabaja bien a distancia. Lo que importa es que responda, explique y entregue.

¿Debo pedir una prueba antes de contratar? Es razonable pedir un diagnóstico o una propuesta inicial. Lo que no es razonable es pedir una web entera «a ver qué tal».

¿Y si no sé qué necesito? Es normal. Un buen profesional te ayuda a definirlo antes de venderte nada.


¿Quieres hablar conmigo antes de decidir? Reserva una llamada de diagnóstico gratuita: te cuento qué haría en tu caso y, si no soy la persona adecuada, te lo digo.